El trabajo ya no es lo que años atrás. Antes era común que una persona trabajase toda su vida en una empresa, hoy estar más de cinco años en una se ha transformado en una utopía. Tampoco los contratos son los mismos, hoy no aseguran la continuidad y así el empleo se hace cada vez más inestable. El crecimiento abismal que vivió la tecnología ha proporcionado nuevas formas de trabajo.
Las TIC?#8364;™s (Tecnologías de la información y la comunicación) se han instalado en la vida cotidiana, lo cual devino, entre otras cosas, en una nueva modalidad de trabajo, en la que la tarea se realiza a distancia: el teletrabajo.
Esto, a su vez, da lugar a la “oficina móvil”, siendo fundamentales herramientas la computadora portátil y el celular. A su vez existen varios tipos de trabajadores: los que desempeñan sus tareas desde sus casas, manteniéndose ligados a una compañía en relación de dependencia; y aquellos que descubrieron que pueden trabajar por su cuenta sin necesidad de instalarse en la oficina de una empresa, lo cual implica realizar las tareas en la comodidad del hogar, en un bar o desde lo deseen.
Las empresas que más aplican esta modalidad son las que se dedican a los servicios, mientras que las constructoras, los comercios y los hoteles, necesitan de la presencia física de los empleados, por lo que sólo pueden implementar este sistema en algunos cargos gerenciales. Las actividades independientes que se desarrollan más comúnmente son, entre otras, las asesorías, el diseño gráfico, los estudios de mercado y los relevamientos de datos.
Esta especie de panacea que ofrece el teletrabajo es, en principio, la posibilidad de realizar las tareas en el hogar, yendo a la oficina de forma esporádica, o incluso nunca, lo que permite una mayor disponibilidad del propio tiempo y la posibilidad de estar más en contacto con la familia, o con las cosas que a cada cual le interesen.
Puede que esta modalidad acarree algunos inconvenientes, como: el progresivo aislamiento, la tendencia a trabajar en cualquier momento (no distinguiendo el límite entre ocio y trabajo), y los problemas derivados de no poseer contratos claros con el empleador.
Pero esta nueva forma de trabajo ha dado la posibilidad a las mujeres de poder ocuparse de su familia, acomodánsose sus horarios. Sin embargo, un informe sobre el empleo, de enero de 2001, de la Organización Internacional del Trabajo reveló una “brecha digital de género” donde las mujeres están poco representadas en los empleos relacionados con las nuevas tecnologías (esto es en países desarrollados y en vías de desarrollo).
Por ejemplo, al dedicarse al teletrabajo las mujeres corren el riesgo de que sus ocupaciones laborales sean invisibles al igual de cómo ha sucedido por años con las tareas domésticas, y de esta manera sus derechos como trabajadoras se ven truncos, con pagas mínimas, pocas posibilidades de desarrollo y mejora en su oficio o profesión y ninguna seguridad social o de .
Asimismo, este tipo de trabajo no trae aparejado un cambio en la división familiar de las labores cotidianas: los hombres continúan evitando las tareas domésticas y las mujeres siguen haciéndose cargo de más tareas que implican entre una doble o triple carga. El futuro llegó, el empleó cambió y las mujeres nos estamos adaptando, como siempre.
viernes, 25 de enero de 2008
Teletrabrajo: el futuro está llegando
Etiquetas: Internet
Internet en el trabajo: del uso laboral al personal
Mientras que por un lado Internet es una herramienta muy útil para trabajar, por el otro representa una amenaza a las empresas por el indebido uso que le dan sus empleados. Ya en varios países esto representa un problema, porque un gran porcentaje del personal dedica varias horas de trabajo a usar el correo electrónico o a navegar en páginas web por motivos personales.
Antes se abusaba del teléfono, aunque su control era más fácil, pero la incorporación masiva de las nuevas tecnologías de la comunicación hizo que el correo electrónico y la navegación por páginas web sean las pérdidas más importantes de tiempo útil de trabajo.
Por esta razón muchas empresas, en busca de mejorar la productividad y prevenir usos dudosos del e-mail o Internet, controlan hoy las máquinas de sus empleados. Como toda herramienta que se incorpora a una compañía Internet, el correo electrónico o los programas de mensajería instantánea, requieren una etapa de educación previa. Esto es así porque el mayor problema que trae aparejado el uso deficiente de estos recursos es el aumento de los costos fijos. Otra de las consecuencias ocultas es la disminución en la productividad.
Por ejemplo, el uso incorrecto del e-mail además de colaborar con la saturación del ancho de banda de los enlaces digitales de la empresa puede resultar perjudicial también para su imagen corporativa; esto es así cuando un empleado usa la dirección de su empresa para enviar mail con chistes racistas o pornográficos o incluso cadenas de ayuda a desconocidos.
Existen aplicaciones que generan una lista con el tiempo que se pasa en una dirección de la web, mientras que otras analizan las direcciones de mail con las que se mantienen relaciones más asiduas. Cuando se toman estas medidas, se lo puede hacer de dos maneras: controlando al empleado sin decirle nada o simplemente controlarlo y poner en sus manos -o en una cartelera- los resultados del control. Se recomiendan las cuestiones preventivas que las punitivas, ya que no causan un enfrentamiento con el empleado, y a su vez lo mantienen al tanto de su condición.
Es un hecho ya que todos los empleados con acceso a Internet en la oficina navegan en ocasiones por cuestiones personales. Puede ser que comiencen buscando información relacionada con el trabajo, pero a medida que pasan de un link a otro por las páginas web, terminan en sitios que tienen que ver más con sus intereses personales que laborales.
La solución es simple y radica en que los empleados deben ser más equitativos entre el uso personal de la Web y las tareas habituales en el trabajo, para así no afectar la productividad, la moral o los resultados de la compañía.
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